Inicie mi trabajo como docente de una forma accidental, estaba por terminar mis estudios en Ingeniería Bioquímica y no estaba dentro de mis planes ser maestra, es más llegue a decir que lo último que haría sería dar clases.
Terminé mi licenciatura en 1992 y mientras preparaba mi tesis, mi hermana mayor me comento que en un CEDART (Bachillerato en Arte y humanidades) necesitaban un maestro de matemáticas, y como yo necesitaba dinero acudí a esta escuela que era completamente desconocida por mí. Me aceptaron de inmediato, sin examen, ni otro trámite. Comencé a dar clases a la edad de 23 años.
El primer día de mi trabajo resulto bastante difícil, yo pensé que dar clases era algo sencillo, afortunadamente me di cuenta que necesitaba preparar previamente la clase y abordarlo de una manera más segura, pues me percaté que los alumnos notaron mi inexperiencia.
Mi primer año fue de conocer el sistema del CEDART y un poco de lo que implicaba ser docente, mis alumnos eran muy indisciplinados porque yo no tenía control de grupo. En el segundo me ofrecieron cubrir horas de física química y un semestre después de biología, ya estaba entendiendo el importante papel de la docencia; en ese mismo tiempo hice mi examen profesional, me titulé y encontré un trabajo como supervisora en Control de Calidad en una fábrica de paletas y helados (Holanda); en la mañana daba clases y en la noche trabajaba en la fábrica. El exceso de trabajo me orilló a elegir entre los dos trabajos: la fábrica donde podía ascender a una jefatura o el CEDART donde la satisfacción de enseñar ya era parte de mi vida; obviamente elegí el segundo y no me arrepiento, desde entonces descubrí que mi vocación es la docencia.
Cada año recibo alumnos que llegan al CEDART huyendo de matemáticas, física y química , les recalco que son para mí un reto importante, porque al final del ciclo les haré cambiar la forma de ver a las Ciencias experimentales; y año con año he logrado este objetivo, no al 100%, pero sí en una considerable mayoría. El escuchar “no me gustaba la química o física, pero con Fany si me gusta”, es algo que valoro enormemente y que me motiva para ofrecerles mejores cosas año con año.
La forma en la que doy mis clases ha cambiado mucho, me ajusto al espacio donde se encuentre la escuela (no tenemos edificio propio y ha cambiado de cede cinco veces), a los adelantos tecnológicos, y sobre todo a las características de cada grupo. Al inicio era maestra de gis y pizarrón y con el tiempo me di cuenta de la necesidad de utilizar más apoyos didácticos que año con año cambio. Los materiales de apoyo que más significado tiene en mi forma de dar clases son:
- Implemente en el CEDART el trabajo practico de laboratorio, he diseñado prácticas que se relacionen con su vida diaria, con el México Prehispánico, con el Arte o con algo que puedan tener en casa
- Del gis y pizarrón pase al uso de proyecciones con acetatos con imágenes relacionadas con el tema y actualmente las cambié con el uso de proyecciones de presentaciones de Power point ya que es fundamental en los temas teóricos
- Escribí tres libros de trabajo (Química, Física y Astronomía), donde viene mi planeación, temas desarrollados, guías de estudio, formularios y tablas necesarias y la evaluación por parcial, final y semestral. Cada alumno debe de tener su libro para que la clase sea más ágil y no se pierda tiempo en copiar del pizarrón o al dictar.
- Apoyo la clase con videos, películas, documentales y artículos de periódico o revistas que tienen relación con el tema.
- Cuando el tema implica ejercicios, primero los explico en clase y cuando noto que la gran mayoría lo entendió les dejo resolver ejercicios de su libro de trabajo. Si algún alumno no entendió el tema, se lo explico personalmente en el mismo tiempo en el que los demás lo están resolviendo.
La evaluación que aplico en mis dos materias se compone de examen, ensayo, práctica o salida didáctica y participaciones en clase.
Para mi dar clases es un trabajo muy gratificante, sin monotonía, es una gran labor social, no cambiaría por ningún otro empleo. Cuando entro al salón e inicio mi clase siento que me transformo y vuelo entre teorías y ejemplos cotidianos, me fascina que los alumnos pregunten y participen, no me cansa dar clases y me gusta seguir leyendo y explicando lo que puedo transmitir y aunque mi sueldo como profesor es bajo, la sonrisa, reconocimiento y agradecimiento de mis alumnos por mis clases, es lo que más valoro y me hace crecer como persona.
Terminé mi licenciatura en 1992 y mientras preparaba mi tesis, mi hermana mayor me comento que en un CEDART (Bachillerato en Arte y humanidades) necesitaban un maestro de matemáticas, y como yo necesitaba dinero acudí a esta escuela que era completamente desconocida por mí. Me aceptaron de inmediato, sin examen, ni otro trámite. Comencé a dar clases a la edad de 23 años.
El primer día de mi trabajo resulto bastante difícil, yo pensé que dar clases era algo sencillo, afortunadamente me di cuenta que necesitaba preparar previamente la clase y abordarlo de una manera más segura, pues me percaté que los alumnos notaron mi inexperiencia.
Mi primer año fue de conocer el sistema del CEDART y un poco de lo que implicaba ser docente, mis alumnos eran muy indisciplinados porque yo no tenía control de grupo. En el segundo me ofrecieron cubrir horas de física química y un semestre después de biología, ya estaba entendiendo el importante papel de la docencia; en ese mismo tiempo hice mi examen profesional, me titulé y encontré un trabajo como supervisora en Control de Calidad en una fábrica de paletas y helados (Holanda); en la mañana daba clases y en la noche trabajaba en la fábrica. El exceso de trabajo me orilló a elegir entre los dos trabajos: la fábrica donde podía ascender a una jefatura o el CEDART donde la satisfacción de enseñar ya era parte de mi vida; obviamente elegí el segundo y no me arrepiento, desde entonces descubrí que mi vocación es la docencia.
Cada año recibo alumnos que llegan al CEDART huyendo de matemáticas, física y química , les recalco que son para mí un reto importante, porque al final del ciclo les haré cambiar la forma de ver a las Ciencias experimentales; y año con año he logrado este objetivo, no al 100%, pero sí en una considerable mayoría. El escuchar “no me gustaba la química o física, pero con Fany si me gusta”, es algo que valoro enormemente y que me motiva para ofrecerles mejores cosas año con año.
La forma en la que doy mis clases ha cambiado mucho, me ajusto al espacio donde se encuentre la escuela (no tenemos edificio propio y ha cambiado de cede cinco veces), a los adelantos tecnológicos, y sobre todo a las características de cada grupo. Al inicio era maestra de gis y pizarrón y con el tiempo me di cuenta de la necesidad de utilizar más apoyos didácticos que año con año cambio. Los materiales de apoyo que más significado tiene en mi forma de dar clases son:
- Implemente en el CEDART el trabajo practico de laboratorio, he diseñado prácticas que se relacionen con su vida diaria, con el México Prehispánico, con el Arte o con algo que puedan tener en casa
- Del gis y pizarrón pase al uso de proyecciones con acetatos con imágenes relacionadas con el tema y actualmente las cambié con el uso de proyecciones de presentaciones de Power point ya que es fundamental en los temas teóricos
- Escribí tres libros de trabajo (Química, Física y Astronomía), donde viene mi planeación, temas desarrollados, guías de estudio, formularios y tablas necesarias y la evaluación por parcial, final y semestral. Cada alumno debe de tener su libro para que la clase sea más ágil y no se pierda tiempo en copiar del pizarrón o al dictar.
- Apoyo la clase con videos, películas, documentales y artículos de periódico o revistas que tienen relación con el tema.
- Cuando el tema implica ejercicios, primero los explico en clase y cuando noto que la gran mayoría lo entendió les dejo resolver ejercicios de su libro de trabajo. Si algún alumno no entendió el tema, se lo explico personalmente en el mismo tiempo en el que los demás lo están resolviendo.
La evaluación que aplico en mis dos materias se compone de examen, ensayo, práctica o salida didáctica y participaciones en clase.
Para mi dar clases es un trabajo muy gratificante, sin monotonía, es una gran labor social, no cambiaría por ningún otro empleo. Cuando entro al salón e inicio mi clase siento que me transformo y vuelo entre teorías y ejemplos cotidianos, me fascina que los alumnos pregunten y participen, no me cansa dar clases y me gusta seguir leyendo y explicando lo que puedo transmitir y aunque mi sueldo como profesor es bajo, la sonrisa, reconocimiento y agradecimiento de mis alumnos por mis clases, es lo que más valoro y me hace crecer como persona.
